Mamá de La Casa de los Chinijos

Mi experiencia con La Casita de los Chinijos

Cuando mi niña tenía sólo un mes ya empezaba a darle vueltas al tema de tener que dejarla sola para irme a trabajar. Y me angustiaba. En ese momento sólo se me ocurría la opción de meterla en una Escuela Infantil, ya que, a diferencia de otros padres, nosotros no podemos dejarla con ningún familiar, ni siquiera ocasionalmente. Después de mirar varias guarderías en el sur, (que por la cercanía al trabajo, es la zona que mejor nos conviene) seguía sin convencerme ninguna. De repente, en un grupo de Facebook, leí la definición “Madre de día” y las diferencias o, mejor dicho ventajas, con las Escuelas Infantiles convencionales.

Me dio buenas vibraciones y fui leyendo más sobre el tema. Finalmente di con una publicación de La Casa de los Chinijos y me puse en contacto con Tere. A partir de ahí, todo son cosas buenas. Me explicó su manera de trabajar, las tarifas y demás y estuvimos en contacto durante el verano. Hablamos varias veces por teléfono, si me surgía alguna duda y nos invitó a visitar La Casita para ver en qué entorno estaría nuestra hija. Pero, la verdad es, que desde la primera vez que hablamos por teléfono ya había tomado la decisión de que mi hija iba a ir a La Casita mientras mamá y papá trabajaban.

Personalmente, soy una madre un tanto miedosa en cuanto a quién dejo al cuidado de mi hija y por  eso escudriñé todas las posibilidades hasta poder sentir que mi hija estaría en buenas manos. Algunos padres se quejan de las tarifas o prefieren pagar un poco menos y llevarlos a una Escuela Infantil de las de toda la vida. Pero yo sabía que ese ahorro de dinero me saldría caro porque la desazón que tendría todo el día pensando que mi hija podría estar llorando desconsolada y no tendría a nadie que la cogiera y tranquilizara, como haría yo; o que quisiera jugar y moverse y la tuvieran sentada en una trona porque tienen 20 niños más que vigilar. Esa preocupación no me salía rentable, ni a mí ni sobretodo, a mi hija. De modo que, sopesando los pros y los contras, los pros ganaban por goleada. Así que sí, yo prefiero pagar un poco más pero saber que mi hija está en manos de una profesional, formada con un método del que estoy completamente a favor, donde interactuará con otros niños, pero sin verse eclipsada por las necesidades de otros que una persona sola (o dos, o tres) no puede abarcar. Otro detalle importante es que, por nuestra parte, no ayudamos a una empresa, sino a una madre emprendedora que intenta que se vaya conociendo más la pedagogía Montessori, mirando siempre por el niño, no por los beneficios y el dinero, que siempre abarcan más de lo posible. Eso sin mencionar lo comprensiva y divertida que es y lo mucho que intenta ayudarnos cuando tenemos algún problema o imprevisto.

Y si todo esto no me pareciera suficiente para quedarme tranquila dejando a mi hija en La Casita, podría fijarme en cómo cada mañana, mi hija se lanza a por Tere desde que la ve, deseando que la coja. Porque sabe que los brazos de Tere son mis brazos mientras estoy trabajando.

Nina.