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Crianza Respetuosa.

El día 2 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Crianza Respetuosa. Esta manera de criar describe un tipo de cuidado y acompañamiento en la infancia, que se basa en el amor, la empatía, el respeto, en que los niños y las niñas tienen los mismos derechos y trato que los adultos y en donde se marcan límites no punitivos.

Desde el primer día del período de adaptación, las Madres y los Padres de Día de la Red Canaria de Madres y Padres de Día, ponen en práctica este tipo de crianza en sus hogares, trabajando para crear un vínculo de calidad con los niños y niñas a los que acogen con el objetivo de convertirse en una figura de apego seguro. Pero, ¿qué es el apego? ¿para qué sirve? ¿es necesario? ¿cómo se crea un apego seguro?

Los bebés no solo tienen necesidades fisiológicas como comer y dormir, sino que se ha demostrado científicamente[1][2][3] que los bebés necesitan ser acunados en brazos, sentirse protegidos y precisan de afecto y amor. Además, para que se desarrollen plenamente, es necesario fomentar su autonomía permitiéndoles moverse libremente y dejándoles utilizar y experimentar con los mecanismos propios y únicos de cada etapa.

El concepto de apego fue desarrollado por John Bowlby[4] en 1958 cuando estudió la huella que la orfandad y la separación de los padres había dejado en los niños/-as de la Segunda Guerra Mundial. Él describe el apego como un comportamiento innato, propio de los seres humanos, que se activa en situaciones de amenaza o aflicción y que tiene el objetivo de recuperar el bienestar buscando apoyo, consuelo y protección del cuidador primario[5]. Por lo que el apego se considera como un mecanismo de supervivencia que sirve para que el niño/-a pueda desarrollar plenamente sus capacidades.

Hay diferentes tipos de apego, pero el que hay cultivar siempre es el apego seguro. Éste se crea con el padre, la madre o un cuidador/-a y se desarrolla percibiendo y cubriendo activa y conscientemente las necesidades afectivas y de contacto físico que el bebé necesita. “El bienestar emocional y respetuoso en los bebés y en los niños y niñas proporciona una base sólida para el desarrollo pleno de las habilidades cognitivas y es el cimiento de la construcción del cerebro. Someter a los bebés, niños y niñas a estrés, no cubriendo sus necesidades básicas, por ejemplo, les debilita la arquitectura del cerebro que se está desarrollando y puede tener consecuencias negativas de por vida en el aprendizaje, en el comportamiento y en la salud física y mental[6]”.

Entonces, ¿cómo podemos crear un apego seguro con nuestros hijos e hijas y cómo lo crean las Madres y Padres de Día?

Básicamente estando cerca y estando disponible. Esto en la práctica, se traduce en conectar emocionalmente desde el respeto, ofrecer contacto físico cuando el bebé lo necesita, amamantarlo a demanda, practicar la alimentación autocontrolada por el bebé  (Baby Lead Weaning), dormir en la misma cama o cerca, y portearlo. Cuando se cría respetuosamente se tiene en cuenta el llanto del bebé como su forma de comunicarse: activamente se debe encontrar su causa y cubrir la necesidad que está detrás. Por otro lado, ha de tenerse en cuenta que el ritmo de los pequeños/-as, no es el mismo que el de los adultos; las rutinas y los horarios han de adaptarse a ellos y no al revés. Todo esto debe hacerse intentando mantener un equilibrio entre las necesidades del bebé y las de los adultos que lo acompañan, encontrando la armonía entre el “sí” y el “no” y estando abiertos a lo que los niños y las niñas pueden enseñar a los adultos[7].

Que a veces no pueda darse alguno o varios de los requisitos arriba mencionados, no significa que se deje de criar con respeto, porque lo más importante es, como apunta Yvonne Laborda (2017): “estar presentes con nuestros hijos y tener una buena conexión emocional […] que se sientan libres de nuestros juicios y nuestras expectativas para poder llegar a ser las personas que han venido a ser”. Para eso es fundamental tener en cuenta al niño, conectar con él y validar sus emociones. Hay situaciones en que la voluntad del adulto debe prevalecer ante la voluntad del niño/-a, por ejemplo, en temas de seguridad. En estos casos, se debe actuar sin autoritarismo: evitando frases tipo: “porque yo mando”, “porque sí” y sin violencia: sin gritar, humillar, chantajear y sin utilizar, bajo ninguna circunstancia, la violencia física. Sería mejor: prever la situación, ofrecer alternativas, empatizar, mantener la calma y conectar emocionalmente.  Somos los adultos los que, en principio, tenemos las herramientas necesarias y la madurez cerebral para gestionar las emociones. Además, como apunta Daniel J. Siegel (2018, pag.45) “cuando un niño está alterado, la lógica no suele surtir efecto hasta que hayamos respondido a las necesidades emocionales”.

Creando un ambiente seguro, garantizando la escucha, aceptación, validación de las emociones, sinceridad, compromiso y tratando a los bebés y a los niños y niñas con y desde el respeto, se facilita que haya intimidad emocional entre las partes. Esto asentará las bases para que los niños y las niñas se sientan seguros, compartan sus experiencias y cuenten con sus personas de referencia en cualquier momento de sus vidas. No hemos de olvidar que los bebés dejan de serlo pronto y que si queremos saber qué sucede con nuestros niños y niñas hemos de fomentar la comunicación sincera, sin juicios ni críticas y en la que se sientan aceptados[8].

La crianza respetuosa tiene dos “enemigos” muy potentes: las antiguas creencias y las malas interpretaciones. Por un lado, hemos de revisar todas las afirmaciones del tipo “si lo coges en brazos se va a malacostumbrar”, “¿todavía le das teta?”, “si duerme con ustedes no va a querer dormir solo nunca”, “déjalo llorar, que te está manipulando”, “este niño sabe mucho”, “te está poniendo a prueba” o “quiere salirse con la suya”, etc. Son algunas de las creencias que han pasado de generación en generación pero que no tienen ninguna base científica, sin embargo, sí se ha demostrado qué consecuencias tiene la falta de contacto físico o de no atender las necesidades emocionales.

Por otro lado, no se ha de confundir respetar al niño con la permisividad absoluta. La crianza respetuosa no es decir siempre que sí, ni obviar las consecuencias positivas o negativas que tienen los comportamientos de los niños y las niñas. Cuando nos comprometemos a respetar sus ritmos y necesidades también debemos establecer unos límites adecuados a la situación y a la etapa en la que se encuentran.  

La primera infancia se considera la etapa más importante de la vida. Es donde se asientan las bases de todo el crecimiento y el desarrollo futuro. Las conexiones neuronales que se crean no volverán a repetirse jamás, lo que determina y afecta profundamente al desarrollo cognitivo, social y emocional del niño y niña. El 80% del cerebro se forma en este período[9]. Así lo recoge UNICEF en sus objetivos para el 2.030: la acción urgente para que la inversión en el desarrollo del niño en la primera infancia sea una prioridad en todos los países, para que los padres y madres tengan más tiempo y apoyo para crear un entorno afectuoso y seguro que les permita ofrecer a sus hijos los elementos que necesitan: “comer, jugar y amar” y contribuir de esta manera a su desarrollo cerebral pleno.

Todos los proyectos de la Red Canaria de Madres y Padres de Día están al tanto de la importancia de crear y mantener un vínculo de calidad con los niños y niñas que acogen, y así crear una relación de apego seguro en la que se sientan libres para ser y desarrollarse plenamente. Y, aunque lo ideal sería conciliar la vida laboral y familiar especialmente en la primera infancia, la mayoría de las veces las políticas vigentes y las circunstancias socioeconómicas no lo permiten. Por eso desde la Red apostamos por la tranquilidad de la crianza en el hogar y una ratio muy baja: casi como en casa.


[1] Lecannelier F. Apego e Intersubjetividad: Influencia de los Vínculos Tempranos en el Desarrollo Humano y la Salud Mental. Santiago: Editorial LOM, 2006: 23-5.

[2] Shonkoff, Jack P., et al., ‘The Lifelong Effects of Early Childhood Adversity and Toxic Stress’, Pediatrics, vol.

129, n.º 1, enero de 2012, págs.232–246. Disponible en http://pediatrics.aappublications.org/content/pediatrics/129/1/e232.full.pdf

[3] Thompson R. The legacy of early attachments. Child Dev 2000; 71 (1): 145-52.

[4] Bowlby J. Una Base Segura, Aplicaciones Clínicas de una Teoría del Apego. Barcelona: Editorial Paidós, 1995: 20-39. 

[5] Hoffer M. Psychobiological Roots of Early Attachment, Current Directions. Psych Science 2006; 15: 2: 84-8.

[6] Centro para el Desarrollo del Niño, Universidad de Harvard, ‘Key Concepts: Brain architecture ‘. Disponible en https://developingchild.harvard.edu/science/key-concepts/brain-architecture consultado el 1 de septiembre de 2019.

[7] Attachment Parenting Babies Raised the Way Nature Intended. 7 Attachment Parenting Tools: The baby B’s. Dr Bill Sears. 2019. Disponible en: https://www.askdrsears.com/topics/parenting/attachment-parenting/attachment-parenting-babies. (Consultado el 1 de septiembre de 2019.)

[8] Laborda, Yvonne (2017). Dar voz al niño. Grijalbo Ilustrados.

[9] La primera infancia importa para cada niño. UNICEF. Pia Rebello Britto. 2017. Disponible en: https://www.unicef.org/spanish/publications/files/UNICEF_Early_Moments_Matter_for_Every_Child_Sp.pdf Consultado el 1 de septiembre del 2019.

¡Bienvenidas! ¡Bienvenidos!

La Red de Madres y Padres de día de Canarias la configura un grupo de educadoras y educadores con una sensibilidad especial hacia la primera infancia. A finales de 2017 decidimos aunar fuerzas. Nos movía, y todavía nos mueve, la misma motivación: que las Madres y Padres de Día se conviertan en una actividad regulada y una alternativa real para la crianza y cuidados en la primera infancia.

Todo este tiempo hemos estado dando pasos, más bien cortos y algunas veces equivocados. Nos topamos con la burocracia y su lenguaje particular, nos creímos que todo iba a ser más fácil y rápido. Incluso sentimos que estábamos de acuerdo cuando, en realidad, no era así. De manera que hubo momentos en los que nos paramos, tuvimos que revisar objetivos y decidir por dónde seguir.

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